Un segundo hogar

 

Fundación UPM apoya un proyecto para promover la inclusión de personas con discapacidad y vulnerabilidad social en Guichón. La organización Valoremos la vida, encargada de llevarlo a cabo, instaló un taller de peluquería con los equipamientos necesarios para el dictado del curso, que a mediano plazo se sustenta con la venta de servicios que vuelcan a la comunidad. A través de éste, las alumnas aprenden con la práctica a desarrollar habilidades que les permiten autosustentarse.


Valoremos la vida busca mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad promoviendo su autovaloración y el desarrollo de sus habilidades. Esta organización, que trabaja hace 14 años en Guichón, Paysandú, brinda un espacio de contención donde las personas con discapacidad son tratadas con respeto y mucho cariño. En esta atmósfera se han sumado al Centro niños y adolescentes sin discapacidad que encuentran en Valoremos su segundo hogar. O más bien, para varios de ellos, portadores de historias familiares dignas de un libro de ficción, es su verdadero hogar.

 

Este clima de familia lo imprimen las responsables de esta organización sin fines de lucro, quienes en otro momento supieron ser las maestras de las escuelas de Guichón. Una de ellas, Dinah Bentos Pereira, intenta explicar qué significa para ella integrar esta organización: “Ser voluntario en una obra así no se puede explicar, es un sentimiento. Te comprometes porque te miran con ternura, te siguen, te abrazan y se ven felices cuando los ayudas. A ellos les encanta venir, ellos no quieren vacaciones de Valoremos la vida”.


En este marco, Fundación UPM apoya un proyecto para promover la inserción socio laboral a través de un taller de peluquería. Este taller se suma a las actividades ya existentes de cerámica, bijouterie, tejidos, crochet, trabajos en cuero y expresión plástica. Así, con el apoyo de Fundación se instala un nuevo taller con los equipamientos necesarios para el dictado del curso, que a mediano plazo se sustenta con la venta de servicios que vuelcan a la comunidad, de la cual cada participante obtiene un ingreso.

Con una peluquera experiente a cargo, las alumnas aprenden con la práctica a desarrollar habilidades que les permiten una inserción laboral, logrando así un autosustento. Los talleres, que se realizan dos veces a la semana, son complementados con clases de higiene brindadas por el Ministerio de Salud Pública y conocimientos básicos de contabilidad. Cada una desempeña tareas en el área que logra capacitarse, según las diferentes edades y capacidades, buscando potenciar las aptitudes que se han identificado en las protagonistas. En este sentido, se visualizan logros individuales, que tienen que ver con cada una de las participantes, tales como el cumplimiento de horarios, higiene personal, aceptación de normas, entre otros. Las habilidades de cada participante funcionando como equipo logran cumplir con creces el objetivo del proyecto. Tal es así que los lunes de tarde, día en el que ofrecen sus servicios a la comunidad, el local de Valoremos se colma de vecinas que buscan hacerse un brushing, lavarse el pelo o hacerse la tinta. 



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