Estudiantes de primera generación

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Desde hace dos años los jóvenes de las localidades rurales en torno a la Ruta 59, en Tacuarembó, pueden continuar estudiando luego de sexto año de escuela. Fundación UPM detectó esta necesidad y promueve la instalación y continuidad de la educación media en Clara.
 
 
Inés Mezquita es madre de siete hijos, cinco de ellos están estudiando en los programas de UTU que se dictan en Clara. Todos los viernes y sábados despide a sus hijos, Zulema, Karen, Franco, Luciana y Washington, a las 5:30 de la mañana en el camino donde esperan el ómnibus que los lleva desde Paso de los Novillos hasta Clara. En el trayecto de algo más de 100 km van levantando a los alumnos de otras ocho localidades para llegar a clase minutos antes de las 8.
 
Su hija mayor, Zulema, de 31 años, participa de un taller de Panadería que comenzó este año, como resultado de la llegada de UTU a esta zona. Ante la posibilidad de utilizar el micro que llega desde Tacuarembó con los docentes, UTU ofreció este taller para adultos, que en general son madres, tías o hermanas de quienes asisten a los programas de enseñanza media de Clara. “Me encanta la gastronomía así que me anoté, por algo hay que empezar”, comenta Zulema acerca de su decisión a anotarse en el taller que comparte con otras nueve mujeres de la zona. Sus otras dos hermanas, Karen -de 21- y Luciana -de 16- cursan el segundo año del primer Programa de Formación Profesional Básica -FPB- adaptado al medio rural que se implementó en Clara. Por otra parte, los dos varones, Franco y Washington, aunque tengan un diferencia de edad de seis años, ambos son alumnos del Ciclo Agrario que comenzó en 2013. A Franco, el de 18, le “costó un poco anotarse” porque no había pisado un aula después de culminar primaria. Washington, sin embargo, terminó sexto año en 2012 con la ilusión de ir a Clara como sus hermanas. “Por suerte empezó justo con el Ciclo Agrario porque a él le encanta la tierra, los caballos; está re contento”, cuentan sus hermanas.
 
Su madre, Inés, quien se desempeña como promotora de salud, cuenta que los programas educativos en Clara han cambiado el futuro de los jóvenes de su localidad. “Todos los chiquilines del Paso (Paso de los Novillos) que estaban sin estudiar ahora están estudiando”, relata entusiasmada Inés. Sus hijos son un fiel reflejo de esta frase. Desde que culminaron la escuela ellos “no hacían nada, estaban allá en las casas en la campaña”, ya que las posibilidades de que pudieran ir al liceo eran remotas. La continuidad educativa les demandaba mudarse a Tacuarembó o enviarlos a los 12 años a la capital departamental a vivir en el Hogar estudiantil durante la semana, lejos de ella, “en la ciudad” y con un costo económico alto para su familia. Esta posibilidad ella ni siquiera se la planteó, “en la campaña no tienen estudio. Yo estoy re contenta y agradecida porque si no estuvieran estos programas mis hijos no iban a estudiar”, concluye Inés. 
 
Fundación UPM, en conjunto con CETP-UTU, la Inspección Departamental de Educación Inicial y Primaria, la Intendencia de Tacuarembó y Programa Cardijn implementan un proyecto educativo al que asisten 46 alumnos de 10 comunidades rurales. Por primera vez en la historia de estos pueblos rurales de Tacuarembó los niños que egresan de la escuela pueden aspirar a estudiar educación media (equivalente a ciclo básico) sin abandonar su lugar de origen.

 


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